Lema Pastoral del Curso 2017/18

Esto es lo que busco. Porque para encontrarlo, no hay que buscarlo fuera sino dentro.

Cuando uno encuentra lo que busca, entonces no puede ocultar la alegría que ese descubrimiento provoca en su vida. Todos recorremos este camino de búsqueda hacia aquello que dé plenitud a nuestra vida. El problema es que en muchas ocasiones emprendemos caminos que no nos llevan a encontrar el verdadero tesoro de nuestra vida por el que estaríamos dispuestos a poner todo en juego.

Lema | Esto es lo que busco

El lema se extrae de la experiencia de Francisco de Asís.

“Cierto día que se leía en la Iglesia el Evangelio que narra cómo el Señor había enviado a sus discípulos a predicar; presente allí el santo de Dios, no comprendió perfectamente las palabras evangélicas; terminada la misa, pidió humildemente al sacerdote que le explicase el Evangelio. Como el sacerdote le fuese explicando todo ordenadamente, al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia, al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: “Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica”.

Dice el texto que Francisco exclamó: “esto es lo que busco” y nos es fácil hacernos una idea de la sensación que produce encontrar lo que tanto tiempo se andaba buscando. Tenemos la experiencia de perder algo y buscarlo hasta la desesperación; o de hacernos una idea de lo que necesitamos y buscar y buscar pero sin encontrar exactamente eso que tenemos en mente. Ambas son dos experiencias cotidianas que nos acercan a esta sensación que explicamos. ¡Esto es lo que busco! Es precisamente la expresión que usamos en el justo momento en el que lo encontramos. Llenos de alegría, alivio, satisfacción... llenos.

¿Cómo no será encontrar aquello que vitalmente estamos buscando? Si reconocemos en nuestra vida la sensación de encontrar cosas que son solo eso, cosas y nos provocan una alegría desmesurada, ¡cuánto más supondrá encontrar el tesoro de nuestra vida!

Esto es lo que busco” es la experiencia de aquel que ha encontrado el tesoro y entonces sí, está ya dispuesto a vender todo para conseguirlo. Es la experiencia de Francisco cuando por n encuentra lo que buscaba.

Sublema | Porque para encont rarlo no hay que buscar fuera sino dentro

El sublema nos da una nueva pista, una pista clave: el tesoro de nuestra vida no anda fuera, escondido en algún rincón del planeta o en ciertas experiencias, relaciones, lugares, cosas... lo que anhelamos en lo más profundo de nuestro corazón está precisamente ubicado en el centro del mismo. Pero cierto es que casi todos los caminos de búsqueda que emprendemos y que el mundo nos invita a emprender suponen un trayecto y un destino fuera de nosotros, cosas externas.

Entre toda esta amalgama de ofertas para encontrar la alegría en cosas superfluas o cuanto menos inestables, se nos invita a afinar nuestros sentidos, nuestros pasos, nuestros deseos de modo que podamos descubrir que es otro camino el que hemos de emprender para hallar la roca segura sobre la que cimentar nuestra vida y, por tanto, nuestra alegría más profunda.

Elementos gráficos | La alegría de encontrar lo que busco

Hemos querido recoger la alegría de encontrar aquello que uno busca en la fotografía. Es un joven, en el que lo importante no es el sexo o la edad sino la cara de alegría que refleja aquel que ha encontrado aquello que llevaba tiempo buscando. Por eso hemos buscado un adolescente con cara aniñada y la imagen se encuadra desde la nariz hasta la cintura pudiendo identificarse con un niño o una niña.

Todos estamos llamados a emprender esta búsqueda que dará sentido a nuestras vidas, a nuestras búsquedas diarias, a nuestros pasos, a nuestros deseos de plenitud... todos estamos llamados a compartir este rostros que es reflejo de una alegría interior que solo el encuentro con Cristo puede darnos.

Los caminos de búsqueda

El cartel muestra a través de ilustraciones la multitud de caminos de búsqueda. Todos comienzan en el protagonista pero se dirigen hacia fuera, de manera que ninguno alcanza el final que busca.

En el cartel se proponen distintos finales simbólicos para estos caminos “externos”: un muro, un arbusto, un nal que marca un camino in nito, un agujero, un prohibido el paso.

Solo uno, aquel que comienza en uno mismo, recorre un camino que, aunque tiene necesariamente que “salir”, el tramo más importante se dirige hacia dentro y es ahí, en el centro de la persona donde reside aquello que uno buscaba y desde donde puede emprender de nuevo todos los caminos que la vida ofrezca: Cristo. Este camino destaca de los otros por el color.

En todos los caminos nos encontramos obstáculos: cactus, vallas, muros, agujeros... pero además el camino que nos lleva a Cristo tiene otros dibujos que nos indican valores que forman parte del Evangelio y del carisma franciscanos: la solidaridad, la paz, la superación, la humildad, la fraternidad...

Pero sabemos que el cartel no puede recoger todos los caminos que el joven puede recoger... por eso el cartel es sin duda una propuesta abierta para ir completando, para ir cuestionando, para invitar a la búsqueda.

El tesoro de mi vida

En el centro del cartel está aquello que uno busca, el tesoro escondido: es Cristo que habita en lo hondo de nuestro corazón, y es el Cristo de San Damián que identifica también el rasgo carismático. Tanto el corazón como el Cristo de San Damián están desproporcionados con respecto al protagonista de la foto, de este modo se subraya la importancia del interior, de ir al centro de la persona donde Cristo ocupa el lugar privilegiado, central, más importante.

El cartel expresa la necesidad de recorrer la esta búsqueda. Buscar no desde lo que puede estar fuera de nosotros y que aparece en nuestra vida como propuestas o propios de deseos de éxito, fama, riqueza, sensualidad,... “ganar para uno mismo” al n y al cabo. Sino buscar con el deseo de encontrar a Aquel que nos enseña nuestra verdadera identidad de Hijos de Dios y Aquel con el que estamos llamados a confugurarnos para alcanzar la plenitud, atravesando caminos de silencio, interioridad, oración, pero también de valores fraternos, solidarios, oblativos.

Encontrar este tesoro y configurarte con él vitalmente abre nuevos caminos de entrega que se reorientan desde este descubrimiento fundante.